Para comprender el problema magisterial de hoy no basta con revisar los titulares de los diarios o escuchar las noticias en radio y televisión sobre cuántas y cuáles calles han cerrado los maestros disidentes; o cuántas oficinas han “vandalizado”.

No, para comprender el conflicto en su conjunto y los reclamos particulares de los docentes, es necesario hacer una revisión exhaustiva de las propuestas y planteamientos de la llamada Reforma Educativa que, vale señalar, no es otra cosa que la continuación de un proceso que viene gestándose desde hace poco más de 30 años con la entrada formal a nuestro país del neoliberalismo.

Este proyecto, bajo el llamativo y convincente discurso de la construcción y mejoramiento del sistema educativo para lograr una “educación de calidad”, ha dado pie a un constante proceso de privatización por un lado, y una creciente ola de expansión de las escuelas privadas en nuestro país, por el otro.

Desde la década de los 80 el discurso educativo pasó de “la educación para todos” a la “educación de calidad” y, de acuerdo con las recomendaciones de los organismos internacionales,[1] para alcanzar la tan aclamada “calidad” era necesario —al menos para ellos— implementar un sistema de “evaluación” que permitiera medir el desempeño, no sólo de los alumnos, sino también de los educadores.

Sin embargo, el paso del tiempo demostró que ese sistema de evaluación, además de correr a cargo de empresas privadas y, por lo tanto, de actores externos ajenos a los procesos educativos, era ineficiente para mejorar la “calidad de la educación” y, por el contrario, impulsaba un modelo basado en la competencia exacerbada que ponía —otra vez— al dinero y la ganancia económica en el centro del proceso.

Así pues, comenzaron los pagos extraordinarios a docentes de todos los niveles que, aunque en la superficie parecieran una gran oportunidad de crecimiento económico y una ganancia, en el fondo encierran una devastadora realidad para el proceso educativo y la calidad de vida de los maestros.

La iniciativa de los pagos extraordinarios […] tenía una ventaja adicional en términos de eficiencia: resultaban mucho más baratos que otorgar un aumento generalizado a los más de un millón y medio de trabajadores de la educación.[2]

En tal contexto, los ataques a los sueldos y prestaciones de los maestros permiten profundizar en el proceso de privatización de la educación y en el intento de disminuir la importancia de los docentes a nivel nacional. Los ilustrados pensaban en la educación como el mejor medio para mejorar la sociedad y permitir que cada individuo tuviera la capacidad de pensar por sí mismo. ¡De atreverse a pensar por sí mismo! Y los maestros que defienden ese derecho y salen a las calles son difamados y asesinados, reprimidos violentamente, tratados sin dignidad y desprecio.

¿Por qué? Porque los maestros representan la crítica y la humildad del trabajo en la peores condiciones, el compromiso y la esperanza de que la educación pública y gratuita pueden salvar vidas, pueden mejorar las condiciones actuales, y porque saben que despertar las mentes con la crítica es la única garantía de que nadie pisotee y destruya los sueños de las nuevas generaciones. Por eso los maestros representan un peligro para los vencedores actuales y pasados, porque ellos sí saben su historia, porque llevan sobre su espalda la memoria y el rencor por todas las injusticias cometidas contra los más débiles y desprotegidos de la sociedad mexicana.

Nos oponemos tajantemente a la violencia de Estado contra sus miembros, una violencia desigual por todas partes. Los maestros pelean con piedras y palos, mientras que el Estado responde con balas y cerrazón. Nos oponemos a la imposición de la llamada “Reforma Educativa” y nos mostramos en favor del diálogo y las legítimas demandas del magisterio democrático que enarbolan “la mejora de la educación en el país”.

Todo nuestro apoyo a la CNTE, y a la población sensible que defiende a los suyos y sigue levantando los puños contra los más fuertes, contra los asesinos de sueños. ¡Alto a la violencia de Estado!

Atte:

Desde la selva de concreto del infierno mexicano.
“Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida.”

Comité Editorial Revista “Los Heraldos Negros”.

[1] Vale destacar de los Organismos Internacionales que ellos son  los principales protagonistas de estas reformas, pues con los préstamos otorgados a los países del tercer mundo, han obligado a los gobiernos a seguir sus recomendaciones y pautas basadas en los principios del liberalismo económico y la maximización del capital donde el único factor que realmente interesa es el dinero.

[2] Hugo Aboites, La medida de una nación. Los primeros años de la evaluación en México. Historia de poder y resistencia (1982-2012), México, UAM Xochimilco-CLACSO-ITACA, 2012.

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