Por Julio César Ochoa Cruz

 

¿Por qué censurar el arte?,

¿no es acaso éste el único medio de transmitir el amor?,

¿o no es acaso la única forma de dar a conocer el terror?

¿Por qué censurar el arte?

 

Si acaso utilizáramos el arte para difamar,

estaría de acuerdo en que éste fuese censurado y

si acaso éste fuese un crimen o un pecado,

hasta el mismo Dios lo habría liquidado.

 

El arte es la poesía, los cuentos y hasta la música.

El arte son los sueños, las alegrías, la armonía y el amor.

El arte es la verdad dicha tan cruda y honesta

que hasta al demonio le gustaría ser actor.

 

La poesía no está muerta y aquí está la prueba

de que los poetas nacen del corazón,

porque para la poesía no se necesita otra cosa

que darlo todo aunque parezca

sin sentido y sin razón.

Un poema hecho crimen,

una poesía hecha pecado,

un autor que prefiere ser anónimo

y un intelecto, dicen; descerebrado.

 

Vivimos en un país en el que la libertad de expresión no tiene libertad,

la honestidad es agredir al prójimo,

matar es permitido si es por parte de la soberanía y el poder

y expresarse es castigado con pena de muerte

sin necesidad de que intervenga la ley.

 

Fuente: http://www.smnr.com.ar

Todos hacen campaña,

quieren tapar la verdad.

Lo cierto es que cuando alguien alza la voz,

siempre lo callan

y extrañamente se desvanece de la mortalidad.

Quisiera decir que se los traga la tierra

pero sería tonto y sería difamar,

pues sus cuerpos nunca aparecen

ni por cielo, ni por tierra, ni por mar.

 

Una enfermedad, un trastorno y un síndrome

forman parte de nuestro entorno,

la sociedad construye la discapacidad,

después construye la discriminación y todas las fobias

que no puede erradicar

porque es más fácil ser conforme

que arriesgarse por alguien más.

 

El gobierno pide niños bien educados y todos buenos lectores,

la cultura nuevos intelectos y también escritores,

lo que es una ironía, pues

quedan pocas Normales y están desapareciendo

y las editoriales no dan las más mínimas oportunidades.

 

Quien habla del gobierno corre el riesgo

de ser desaparecido o de ser evaporado,

pues exigir respeto y justicia es un delito

que todos cometemos porque somos el proletariado.

 

La educación se acaba,

los buenos maestros casi se extinguen,

la medicina es manipulada

y la iglesia roba a carcajadas.

 

Somos parte de la sociedad

y por tanto, exigimos respeto, decencia y dignidad,

exigimos calidad de vida, buena educación y respeto a la libertad,

¡ah!, pero no queremos mover un sólo dedo

porque es más cómoda la mediocridad.

 

El llamado está ya hecho,

todos somos soldados de la humanidad

y como tales, tenemos el compromiso

de hacer el bien y seguir adelante,

mas no de vivir quejándonos por lo que ya quedó atrás.

 

Hay muchos daños hechos, eso es cierto

y los estragos son fáciles de notar,

pero quizá, si todos nos esmeramos, llegue el día

en que la protesta no será necesaria

porque seremos capaces

de ser buenos y justos,

pero claro, siempre sin abusar.