Por Monserrat de Hernán Castellanos

Porque sólo en poesía puedo expresar

El miedo ante el monstruo de concreto

 

Mujer con curvas de concreto,

me he perdido ya en tu cuerpo,

una tumba has hecho ya de mí

perdido entre tus anuncios de neón.

 

Sé que Dios te ha dejado de lado,

que las manos indecentes te destruyen,

con cada gemido un nuevo edificio se levanta.

 

Pero entre tus caderas la vida es cara,

un peatón que pierde la respiración

al son del gatillo

y un ladrón que en tus labios trabaja.

 

El débil que duerme entre la noche,

mendigando el sabor de la gloria

como otro dólar cada amanecer.

 

Tu aire sucio se parece a mis pesadillas,

en tus negras perlas termina mi delirio

y la oscuridad de tu pelo

es la soga del ahorcado en tus calles.

 

Continúas arrastrándome,

nací siendo el pecador

bendecido en tu cruz de falsedad,

y ahora perdido estoy

entre el laberinto que veo por el vidrio.

 

Gran ciudad de la tentación

que consume a sus crías en la miseria,

el verdugo es el santo hijo de tu vientre,

y de nosotros tú eres el carcelero.

 

Asfíxiame en la arquitectura

de un paraíso perdido en tu selva,

asesina al actor en la carretera

y deja de lado la corrupción húmeda de tu cuello.

 

Fue tu fuente mi condena,

donde mi primer llanto se ahogó,

ahora soy el falso orgullo,

el milagro social que nunca saldrá de tu luz.

 

Otro himno a la hipocresía

venerando el vicio entre tus coladeras,

entonando las suplicas,

entre las bendiciones y el cañón.

 

Otra chica suicida

al final del rascacielos en el centro,

y un arma bailando

en el desperdicio de tus pies,

la rutina entre tus pupilas.

 

Mujer, llamada de una historia perdida,

el rey poeta bendijo tu nombre,

pero entre los hijos mancharon

con sus desechos el santo sacramento.

 

Pero tu cuna de espinas

fue culpable de nuestras heridas,

atraviesa las manos y los pies.

 

Que esta ciudad será mi final,

y nosotros seremos su tortura.

 

Por siempre tuyos

mujer de concreto,

que tus curvas llenas del vicio

sirvan para quienes no pudieron escapar,

pues no sabemos cómo perdonar,

que tu salvador nazca del santo padre

y la esperanza no muera entre tus avenidas.