Por Areli Bustamante Romero

El Recurso del Método es una obra publicada en 1974, en el artículo “Alejo Carpentier en el contexto histórico y estilístico” de Julio Ariza González donde éste se refiere a Carpentier como el narrador irónico por excelencia y en El Recurso del Método, donde culminan los vínculos secretos que ataban sus aspiraciones estéticas más profundas. La acción de la novela inicia en 1913 y concluye en 1972.

La acción de mi novela empieza muy exactamente en el año 1913, pero su acción se prolonga concretamente con una sincronización de hechos y de época hasta el año 1927, con alusión a varios acontecimientos históricos. Pero después hay un período que va conduciendo a mi personaje central, hacia los años treinta, cuarenta, con un pequeño epílogo de dos páginas que se titula 1972.[1]

A continuación presento una cita del libro Conversaciones con Alejo Carpentier de Ramón Chao, que me servirá para comprender la estructura del  personaje:

—Aparte de la rabiosa actualidad del tema, ¿qué le incitó a componer la figura del Primer Magistrado, como usted lo denomina?

—Durante años soñé con escribir una novela que habría de titularse picaresca, y que relataría las andanzas del personaje de Quevedo, el tacaño buscón que como sabes termina embarcándose para América. Pensaba actualizarlo, pero me di cuenta que ese pícaro español ocurrente, tramposo, fullero, mentiroso, simpático en algunos momentos, al pasar a América se nos agigantaba en un continente agigantado. En un continente inmenso, con ríos inmensos con montañas inmensas, con inmensas tierras el pícaro cobraba apetencias nuevas y dejaba de ser aquél personajillo del sainete para transformarse, primero en político anunciador del politiquero; después, en el presidente de elecciones amañadas; luego, en el general de los cuartelazos; y finalmente, civil o general, en el dictador. [2]

En el libro Entrevistas Alejo Carpentier compilado por Virgilio López Lemus y en la entrevista El pícaro Latinoamericano: general de cuartelazos, presidente de elecciones amañadas y, las más de las veces, dictador. Realizada por Luis Macías Cardone; Carpentier explica su admiración por la picaresca y opina que la diferencia entre el pícaro de la tradición española y el pícaro latinoamericano es la maldad en sus actos, pues el primero es mentiroso, inculto y vicioso pero no atenta contra la vida de nadie.

La picaresca española es graciosa y ocurrente, la latinoamericana es trágica y sangrienta. De ahí que mi libro, empezando en buen humor y ritmo de sainete, se va volviendo dramático y duro a medida que avanza la acción.[3]

Asimismo, marca una evolución de los personajes desde El Lazarillo de Tormes hasta Ubu-Rey de Alfred Jarry; mi experiencia de lectura con Ubu-Rey me pareció la encarnación de lo grotesco, pues es un dictador analfabeto, aunque tal vez sea la cruda realidad, como dice Alejo Carpentier en las conversaciones con Ramón Chao

Recuerdo que una noche nos reunimos un grupo de escritores en casa del escritor Luis Cardoza y Aragón y evocamos el tema de los tiranuelos. Cada uno contó las anécdotas que sabía de sus respectivos dictadores, y aquel día me di cuenta que la realidad sobrepasaba la ficción y que no se podían contar las cosas tal y como eran, pues nadie las creería. El público pensaría que estábamos manejando marionetas grotescas, añadiendo detalles, y produciría un resultado contrario.[4]

En El Recurso del Método, la picardía es un elemento que no se puede negar, pues existen pasajes de la novela que mueven al lector a risa; por ejemplo cuando los ayudantes del Magistrado van a registrar la biblioteca en búsqueda de los libros rojos, es decir que aluden al comunismo, pero el encargado les propone que se lleven La Caperucita Roja, mostrando así su ignorancia. A pesar de toda su cultura, el primer Magistrado posee lenguaje soez y acciones deplorables, es una obra llena de dualidades, el aquí y el allá, el magistrado ilustrado y el magistrado de acciones vulgares, el dictador ante el pueblo y el sumiso ante su hija Ofelia; es un personaje que no quiere terminar como otros dictadores que han exiliado, pero es justo como termina, su deseo de trascender es tan grande que en su lecho de muerte dice una frase cargada de simbolismo, acta est fabula (la función ha terminado), que viene de la tradición latina, pero que ninguno de los presentes entiende y terminan olvidando.

En Conversaciones con Alejo Carpentier de Ramón Chao, Carpentier habla sobre los tres tipos de dictadores en América Latina, el general de pistola y fusta, conocido como el caudillo despiadado; el dictador a secas como Machado en Cuba; y el tirano ilustrado, el dictador más complejo y capaz de cometer actos tan terribles como el primer dictador.

El primer magistrado no tiene un nombre porque podría ser cualquier dictador de América Latina, lo mismo pasa con el lugar que gobierna; al inicio de la novela París representa el horizonte cultural, el primer magistrado reside en París y admira la cultura francesa, siempre menosprecia las tradiciones de Nueva Córdoba pues le parecen poco civilizadas aunque es curioso que siempre lleva con él una hamaca para sentirse cerca de su patria, incluso en su lecho de muerte pide a su hija Ofelia que deposite tierra de Nueva Córdoba en su tumba. Conforme avanza la acción, Estados Unidos va cobrando importancia, incluso en las escuelas se comienza a inculcar el idioma inglés y el festejo de navidad estadounidense; en el estudiante está depositada la esperanza de un despertar de conciencia, porque sólo eso puede cambiar la situación de los gobiernos en América Latina; los movimientos armados que desembocaron en golpes de estado han servido para derrocar a un dictador para que otro lo sustituya. El primer magistrado termina justo como no quería terminar, exiliado como Porfirio Díaz, y sepultado en el cementerio Montparnasse.

La dictadura de nunca acabar

La novela inicia con el sonido del reloj, representa el retorno a las dictaduras, como si nunca concluyeran…pero, si acabo de acostarme. Y ya suena el timbre. Seis y cuarto. No puede ser. Siete y cuarto, acaso. Más cerca ocho y cuarto. Este despertador será un portento de relojería suiza, pero sus agujas son tan finas que apenas si se ven. Nueve y cuarto. Tampoco. Los espejuelos. Diez y cuarto. Eso sí. El reloj es un leitmotiv a lo largo de la novela, también se presenta al final del capítulo tres…y ya el timbre. Diez y cuarto. No puede ser. Nueve y cuarto. Más cerca. Ocho y cuarto. Este despertador será un portento de relojería suiza, pero sus agujas son tan finas que apenas si se ven. Siete y cuarto. Los espejuelos. Seis y cuarto. Eso sí. Y aparece por última vez al final de la novela, cuando el dictador está exiliado en París y a punto de morir: Un esfuerzo. Suena el tic-tac. Saber la hora. Seis y cuarto. Tal vez no. Acaso las siete y cuarto. Más cerca. Ocho y cuarto. Este despertador será un portento de relojería suiza, pero sus agujas son tan finas que apenas si se ven. Nueve y cuarto. Tampoco. Los espejuelos. Diez y cuarto. Eso sí.[5]

El Estudiante también reflexiona sobre la esperanza del eterno cambio, “Tumbamos a un dictador”— dijo el Estudiante— “Pero sigue el mismo combate, puesto que los enemigos son los mismos. Bajó el telón sobre un primer acto que fue larguísimo. Ahora estamos en el segundo que, con otras decoraciones y otras luces, se está pareciendo ya al primero”. Y más adelante. “Cae uno aquí, se levanta otro allá” —dijo El Estudiante—. “Y hace cien años que se repite el espectáculo…Hasta que el público se canse de ver lo mismo.”[6]

Parece que aunque algo ha cambiado, pues han quitado del poder al Primer Magistrado, el nuevo presidente está adoptando la forma de actuar del Magistrado; El Estudiante, al igual que el dictador, carece de un nombre propio, y es en su figura en la que Carpentier deposita la esperanza de un verdadero cambio, las reflexiones del estudiante llenan de esperanza al lector, pues en él se ve un cambio de ideología y la toma de conciencia.

Ese personaje [el estudiante] representa a la juventud estudiantil, que con su acción abrió la época de las grandes luchas contra las dictaduras del continente. Te diré que el diálogo del Estudiante con el Primer Magistrado está enteramente basado en artículos, conversaciones, hechos, que mostraron la determinación de la juventud latinoamericana frente al arrastre de las anacrónicas y absurdas dictaduras que todavía se prosiguen en nuestro continente. En este diálogo, que es el único de la novela y ocupa un capítulo entero, se enfrentan dos realidades concretas americanas. Ahí dejo yo todo humorismo, toda fantasía. Pongo a un dictador latinoamericano frente a un joven que representa las nuevas ideas. Y las cosas que se dicen reflejan, por un lado, la ideología del joven, que es políticamente correcta y dialéctica; y por otro, el asombro total de aquel monstruo, incapaz de comprender que este joven no se le venda, que no cambie su honor por un sueldo; un joven convencido de que su causa es justa, y el dictador piensa que si está trabajando por la revolución es para sentarse en el sillón presidencial.[7]

El Recurso del Método, es una obra compleja que aborda el tema de las dictaduras desde un enfoque nuevo, tenemos aquí al dictador ilustrado y a su contraparte en El Estudiante, el Primer Magistrado puede ser cualquier dictador de América Latina y en El Estudiante se depositan los ideales de la juventud, la toma de conciencia y el deseo de terminar con las dictaduras que hasta ahora parecen no tener fin; el reloj ilustra a la perfección el eterno retorno a las dictaduras, aunque haya un final para el Primer Magistrado, llega otro a ocupar su lugar; me parece que el reloj sería comparable a los doscientos años del Patriarca en la obra de García Márquez; parece que nada ha cambiado, en la obra de Márquez la válvula de escape o el respiro para el pueblo es la muerte del patriarca, en El Recurso del Método me parece que la opción para terminar con la dictadura es el cambio de ideología; solo así puede cambiar el panorama para América Latina.

Bibliografía

  • ARIZA GONZÁLEZ JULIO, Alejo Carpentier en el contexto histórico y estilístico, (disponible en Biblioteca Digital Miguel de Cervantes)
  • CHAO RAMÓN, El Recurso del Método en Conversaciones con Alejo Carpentier, (Madrid, Alianza Editorial, 1998)
  • ROA MIGUEL, Alejo Carpentier: El Recurso a Descartes, (La Habana, editorial letras cubanas, 1985).
  • LÓPEZ LEMUS VIRGILIO, El Pícaro latinoamericano: general de cuartelazos, presidente de elecciones amañadas y, las más de las veces, dictador. Entrevista realizada por Luis Macías Cardone en Entrevistas Alejo Carpentier, (La Habana, editorial letras cubanas, 1985)
  • TRIGO PEDRO, El Recurso del Método: Espejo de Tiranos, (México, Editorial siglo XX, 1974)
Alenjo Carpentier

Alenjo Carpentier

[1] Miguel F. Roa, Alejo Carpentier: el recurso a descartes, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1985, p. 211.

[2] Ramón Chao, “El Recurso del Método”, en Conversaciones con Alejo Carpentier, Madrid, Alianza Editorial, 1998, p. 107.

[3] Virgilio López Lemus (comp.), El Pícaro latinoamericano: general de cuartelazos, presidente de elecciones amañadas y, las más de las veces, dictador. Entrevista realizada por Luis Macías Cardone en Entrevistas Alejo Carpentier… pp. 205-207.

[4] Chao, op. cit., p. 106

[5] Alejo Carpentier, El Recurso del Método, México, Alianza Editorial, 1984, pp. 11, 132, 337.

[6] Ibid., pp. 326-327.

[7] Chao, op. cit., pp. 115-116.