Alexander Socop

I

Son mis últimos días en este local. Quizá extrañe a los niños que salen de la escuela a medio día y por la tarde. No veré más al vendedor de naranjas, ni a la señora junto a su hija repartiendo comida al otro lado de la calle. He tenido poco tiempo para cualquier cosa. La semana pasada fui a nadar a San Felipe, Retalhuleu. Los sitios con clima cálido siempre me parecen distantes, como territorios en donde no soy bienvenido y, sin embargo, vuelvo a ellos a modo de huida, de refugio. Quizá es el recuerdo del calor del útero, de los baños calientes para que no me pegara la gripe cuando niño, de la fiebre que me salvaba de la escuela. Antes, todo era buscar refugios entre los cuartos, imaginarme mapas y territorios en el estudio de mi papá, descubrir la maravilla en el silencio dominical y la ausencia. No pensé en eso mientras estaba en medio del agua, sólo me sujetaba al cuerpo de Ligia, a la voz que hacía de mi tarde algo hermoso, al nuevo recuerdo que estaba escribiéndose en mi memoria y que intentaré repetir en el futuro. En el carro nos tomamos de la mano durante todo el trayecto de regreso. Anochecía.

II

Alejarme corriendo de todo porque todo era un error. ¿Cuántas bocas se abren y maldicen el amanecer gris de esta ciudad? ¿Cuántos ojos enrojecen frente a los monitores y bajo el sol amarillo? La ciudad está llena de basura, todas las calles están despedazadas. ¿Cuántos ciegos hay en la ciudad? ¿Cómo son los sueños de los ciegos? ¿Qué texturas, qué formas, qué temperaturas encarnan sus pesadillas? ¿Un ciego kiché sueña lo mismo que un ciego chino? Veo a un hombre subir la cuesta blanca en bicicleta, los camiones pasan a su lado escupiendo humo negro y espeso. El tedio tiene la forma de una canción evangélica que se repite durante todo el día. La ciudad está enferma y nadie lo nota. Los tornillos que tengo por tobillo sobresalen de mi piel como los hierros en las construcciones, veo avanzar mi propia construcción, en medio de polvo de cal y barrenos. Ondean las banderas desechas como sueños, como recuerdos que siempre acaban en lágrimas.

Hacia atrás para tomar fuerza-ALEXANDER SOCOP

Fotografía: Hacia atrás para tomar fuerza-ALEXANDER SOCOP