Por Luis de la Peña Loredo

Sin duda, José Vasconcelos, quien nació el 27 de febrero de 1882, siempre fue una figura controversial en la historia de México, siendo en ocasiones muy criticado por los últimos años de su vida. En este pequeño esbozo se busca dar a conocer la labor educativa que emprendió durante el proceso revolucionario.

Vasconcelos estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y después en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, recibiéndose como abogado en 1907. Fue un personaje interesado en todo momento por la educación y la difusión de las humanidades en una población que carecía de ellas. Tan sólo para 1910, México contaba con un aproximado de 10,324,484 analfabetos, en una población total aproximada de 15,139,855,[1] es decir, casi dos tercios de la población no sabía leer ni escribir. A pesar de la creación de la Universidad Nacional por Justo Sierra, en las fiestas del Centenario de la Independencia durante el porfiriato —que fue motivo de orgullo para el régimen— existió un descontento general, pues la educación elemental había sido poco atendida. Esto lo hicieron notar los hermanos Flores Magón, quienes en el Programa del Partido liberal, reclamaban la necesidad de una educación para el pueblo en contraposición a una educación universitaria, pues consideraron que:

El enseñar rudimentos de artes y oficios en las escuelas, acostumbra al niño a ver con naturalidad el trabajo manual, despierta en él afición a dicho trabajo, y lo prepara desarrollando sus aptitudes, para adoptar más tarde un oficio, mejor que emplear largos años en la conquista de un título. Hay que combatir desde la escuela ese desprecio aristocrático hacia el trabajo manual, que una educación viciosa ha imbuido nuestra juventud.[2]

Apartado del gobierno, Vasconcelos integró junto con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, Alfonso Reyes, Julio Torri, Enrique Gonzales Martínez, Alfonso Cravioto, Julio Acevedo y Martín Luis Guzmán, entre otros, el Ateneo de la Juventud, con el propósito de difundir las humanidades. Al iniciarse la Revolución Mexicana, Vasconcelos apoyó al grupo antirreeleccionista de Francisco I. Madero. Con la victoria y el derrocamiento de Díaz, el Ateneo de la Juventud cambió su nombre a Ateneo de México. A raíz del grupo, el 13 de diciembre de 1912 abrió sus cursos la Universidad Popular Mexicana, la cual en palabras de Alfonso Reyes “iba a buscar al pueblo en sus talleres y en sus centros, para llevar, a quienes no podían costearse los estudios superiores ni tenían tiempo de concurrir a las escuelas, aquellos conocimientos ya indispensables”.[3] Los temas que abordaron eran diversos, predominando las ciencias, las artes y las industrias.[4]

Después del derrocamiento de Victoriano Huerta en 1914 —quien había asesinado a Madero y tomado la presidencia en 1913— las fuerzas revolucionarias se dividieron en dos bandos para iniciar una nueva lucha: por un lado, los constitucionalistas al mando del primer jefe Venustiano Carranza quien se replegó al estado de Veracruz, y por el otro, los convencionistas zapatistas y villistas que apoyaban la presidencia de Eulalio Gutiérrez. Durante este corto periodo presidencial, José Vasconcelos, como convencionista, se encontró al frente del rubro educativo. En ese breve lapso pidió federalizar la educación, ya que la Secretaría que encabezaba, la de Instrucción Pública y Bellas Artes, en realidad sólo tenía jurisdicción sobre el Distrito Federal y los territorios, que en ese momento eran dos: Baja California (Norte y Sur) y Quintana Roo.[5] Para ello, Ezequiel Chávez elaboró un Proyecto de Ley de Federalización de la Enseñanza de la República Mexicana,[6] que presentó a finales de 1914. Sin embargo, la propuesta tuvo que esperar más de seis años para cumplirse, ya que con la derrota de Villa el constitucionalismo triunfaba, por lo que el gobierno convencionista tuvo que retirarse de la ciudad de México en enero de 1915. Con la elección de Venustiano Carranza como presidente, Vasconcelos salió del país para exiliarse en Estados Unidos hasta su retorno en 1920.

Con el Plan de Agua Prieta, el grupo sonorense compuesto por Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles llegó al poder. Adolfo de la Huerta durante su corto interinato tuvo una gran actividad, ya que logró en escasos meses una relativa pacificación del país.[7]

El nuevo gobierno consideró que la educación era una “expresión de su compromiso con un pueblo que estuvo presente en la lucha revolucionaria, con demandas y exigencias que no podían no escuchar, y del que no podían prescindir para gobernar”,[8] por lo que se llamó del exilio a Vasconcelos para nombrarlo rector de la Universidad. En su discurso de toma de posesión declaró: “En este momento yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.[9] Realizando una fuerte crítica al estado ruinoso en el que encontró la educación debido a la desaparición que de la Secretaría para dicho rubro hizo Félix Palavicini en 1917. Ante tal situación, presentó el Proyecto de ley para la creación de una Secretaría de Educación Federal.[10] Durante la presidencia de Álvaro Obregón se logró, después de algunas oposiciones, la creación de la Secretaría de Educación Pública. Esta diferencia de palabras entre instrucción y educación, aunque parezca sencilla, conllevó un cambio tanto en la forma de trabajo como en la pedagogía desarrollada, pues la Secretaría de Instrucción se limitó a “coordinar los aspectos meramente docentes: profesores, alumnos, escuelas, aulas y planes. La de Vasconcelos, en cambio, era mucho más ambiciosa pues la educación implicaba la instrucción, pero abarcaba otros elementos artísticos, culturales y hasta morales”,[11] es decir, mientras que la instrucción se limitaba a que el niño tuviera los conocimientos necesarios, los cuales eran proporcionados por un maestro para realizar una actividad, la educación implicaba la crianza de ese conocimiento, el desarrollo de la inteligencia que ayudara a que la persona pudiera resolver problemas por sí mismo.

José Vasconcelos

José Vasconcelos

Con la creación de este órgano, se llevó a cabo una campaña de alfabetización, la creación del Departamento de Escuelas Rurales, de Escuelas Primaria Foráneas e Incorporación de Cultura Indígena, de la Dirección de Misiones Culturales; del Departamento de Enseñanza Primaria y Normal; del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial y del Departamento de Bibliotecas.

Dentro de esta estructura, como se puede observar, se dio prioridad a la educación popular[12] que buscó llegar a los distintos sectores de la población. Por la condición social de México, eminentemente campesina, la campaña de alfabetización y la educación rural tuvieron un papel central. Pero a la vez se dio lugar a una educación técnica para la población urbana que, por un lado crecía, y por otro se volvía una forma de “propiciar el bien de la Nación a través de una educación tendiente a la capacitación para el trabajo de los sectores urbanos”,[13] algo que ha sido poco estudiando dentro de la historiografía de la educación.

Tema además interesante puesto que, en esos años, la mujer que se introdujo abruptamente en las labores fabriles, del taller y del comercio, reclamó una educación. Siendo un gran número de mujeres, incluso mayor al de los varones, el que ingresó a las aulas de la educación tanto magisterial como técnica.

Por otro lado, que se le diera prioridad a la educación básica o elemental no quiere decir que la Universidad haya sido dejada de lado. Al contrario, la Universidad tenía un papel fundamental en la labor educativa, tenía en pocas palabras: ¡una labor social!

Vasconcelos le dio su lema: “Por mi raza hablará el espíritu”. Cabe hacer una pequeña reflexión. Es una falsedad creer que el verdadero lema es “Por mi raza hablará el espíritu santo”, pues en realidad el lema está alejado de la idea religiosa y, si fuera eso cierto, la frase no tendría ningún sentido. Incluso dentro del contexto en los años veinte, Vasconcelos no convenía con la Iglesia, lo que se puede ver cuando comentó a Alfonso Reyes por correspondencia: “y si mañana la Iglesia se vuelve flexible por lo que hace a ciertos dogmas y abraza el socialismo, yo me volveré católico”.[14] Por lo tanto, Vasconcelos se refiere a la “Raza Cósmica”, idea sobre la cual en 1926 escribió un libro bajo el mismo nombre donde la explica. El término “raza”, usado muy comúnmente en la época, debemos de tomarlo como una referencia a la cultura de cada una de las regiones del mundo diferentes entre sí. “Cósmica” porque es la idea de fusionar todas las culturas en una sola. Y “espíritu” es voluntad de hacer, de realizar. Es en sí un actuar. Sería más acertado leer: “Por mi cultura hablará el espíritu”. Convirtiendo en tarea del universitario darle al pueblo lo que el pueblo le ha dado, la oportunidad del conocimiento.

Por su discrepancia con Plutarco Elías Calles, Vasconcelos renunció a la Secretaria. Poco después compitió en las elecciones de 1924 por su estado natal, Oaxaca, en las cuales no resultó electo. Con una nueva ilusión participó en el proceso electoral de 1929 por la presidencia de la República, en el cual obtuvo una amarga derrota que lo hace exiliarse, de ahí que se caracterice esta etapa de su vida como tal, “amarga”.

Sin embargo, el legado que nos deja es ese entusiasmo de la labor emprendida en el apoyo a la educación, así como el compromiso tan fuerte que enarboló el lema universitario, algo para reflexionar en tiempos turbulentos como los actuales. Su vida, para quien guste saber más de ella, la narró el propio Vasconcelos en diversos libros: Ulises Criollo (1935), La tormenta (1936), El desastre (1938) y en El Proconsulado (1939).

[1] Claude Fell, “La influencia soviética en el sistema educativo mexicano (1920-2921)”, en Revista de la Universidad, México, Universidad Nacional Autónoma de México, no. 3, noviembre de 1975, p. 1.

[2] “Programa del Partido Liberal”, citado en Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1998, p. 408.

[3] Alfonso Reyes, “Pasado inmediato”, en Claudia Reyes Trigos (comp.), Alfonso Reyes y la educación, México, Secretaría de Educación Pública-Ediciones El Caballito, 1987, p. 43.

[4] Luis G. Urbina, “La primera Universidad Popular Mexicana”, en Conferencias del Ateneo de la Juventud, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2000, pp. 373-374.

[5] Edmundo O ‘Gorman, Historia de las divisiones territoriales de México, México, Porrúa, 2007.

[6] Proyecto de Ley de Federalización de la enseñanza de la República Mexicana, presentado al Sr. Lic. D. José Vasconcelos, Secretario del Despacho de Instrucción Pública y Bellas Artes, por el Consultor Técnico de la misma Secretaría, Lic. Ezequiel Chávez, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de México, México, 10 de diciembre de 1914, Archivo Histórico de la UNAM, Fondo Ezequiel Chávez, caja 27, exp. 20, doc. 6.

[7] Durante el interinato de Adolfo de la Huerta se había eliminado del mapa político a antiguos carrancistas; logró acuerdos con Pablo González y Félix Díaz. Además de la rendición de Pancho Villa quien se retiraba de la vida militar. Sin embargo las rebeliones no dejaron de estar presentes como la propia de De la Huerta al momento de la sucesión presidencial. Para saber más consultar John W. F. Dulles. Ayer en México. Una crónica de la Revolución. (1919-1936). México. F.C.E. 1961

[8] Engracia Loyo, “Introducción” en Gobiernos revolucionarios y educación popular en México. 1911-1928. México, El Colegio de México. Centro de Estudios Históricos. 1998. p. XIII.

[9] José Vasconcelos. “Discurso con motivo de la toma de posesión del cargo de rector de la Universidad Nacional de México (1920)” en Hombre, educador y candidato. México. Universidad Nacional Autónoma de México. 1998. p. 336

[10] José Vasconcelos. Proyecto de ley para la creación de una Secretaría de Educación Federal, presentado por el ejecutivo de la Unión a la XXIX Legislatura, México. Universidad Nacional. 1920

[11] Javier García Diego, “La gran revolución educativa. EL triunfo de Vasconcelos”, en Relatos e historias en México, año VII, número 75, noviembre 2014, pp. 42-43.

[12] Educación popular entendida como una educación al alcance de todos sin distinciones económicas y/o sociales. Principalmente dedicada a la clase baja.

[13] Federico Miranda Lazarín, La política para el desarrollo: Las escuelas técnicas, industriales y comerciales en la Ciudad de México, 1920-1932, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 1996, p. 28.

[14] “José Vasconcelos a Alfonso Reyes. México, sept. 16/1920”, en Claude Fell (comp.), La amistad en el dolor. Correspondencia entre José Vasconcelos y Alfonso Reyes 1916-1959, México, Colegio Nacional, 1976, p. 50.