Por Javier González Mazarías

Ah! j’ai peur d’avoir peur, d’avoir froid; je me cache

Comme un oiseau tombé qui tremble qu’on l’attache.

Marceline Desbordes-Valmore[1]

Egon Schiele. Autorretrato con la cabeza baja.

Cuando todo acabe se secarán los momentos,

nuestro ego, tu gracia, la arena, el tiempo… las ganas;

me mirarás y no veré nada, no podré,

mi pupila, turbia, empañada en vaho de tu alma

sentenciará, firme, nuestra condena enlutada,

y serán tus lágrimas frías las que sacien mi sed.

 

Cuando todo haya acabado la tierra cederá,

sucumbirán tus pies al vacío entre el yo y la nada,

estallaremos, y luego, cuando ya nadie esté,

se volverán las tornas con sus lascivas miradas

para ver dormir, en tu pecho, ida la esperanza,

pero tú y yo y la noche seguiremos bien despiertos.

 

Inevitablemente todo acabará terminando,

llegará el momento, mi esencia se cubrirá de escarcha,

olerá a lluvia el llanto que descalzo hollará tu cara,

volcando tras su paso atropellados ríos de barro;

espera a que el minutero pise el freno a fondo, aguarda:

una semana, tal vez seis días, cien horas, tres años.

 

Cuando el final llegue, cuando éste al fin me haya alcanzado,

Aisa cortará el fino hilo, después vendrá Macaria;

su gélido aliento helará mi nombre en tus labios,

se colgará el tuyo, travieso, de mis sienes blandas,

intentando huir de la humedad letea de negras aguas,

y el tiempo abrazará al olvido… borrará mi historia.

 

Cuando todo acabe jura dar la voz de alarma,

prometo yo no dejar nada, ni mis dolores,

ni los tropiezos, ni las meteduras de pata;

sólo quedarán tras de mí: el gas, mis pisadas,

las cortinas echadas, una cama deshecha,

la luz prendida, el silencio, la puerta entornada…

 

[1] “¡Ah! Tengo miedo de tener miedo, de tener frío: me oculto como un pájaro caído que tiembla cuando se le ata.” [Traducción de los editores]