Por Juana Martínez Macedo y Erika Martínez Macedo

Ante la crisis ambiental debemos atrevernos a cuestionar esas certidumbres que ya no nos sostienen, para construir un mundo sustentable y abrir un futuro viable para la humanidad fundados en una racionalidad ambiental.

Esta crisis civilizatoria impulsa un cambio de racionalidad social que conlleva […] una economía de la vida sustentada en los potenciales ecológicos del planeta y en la creatividad de sus culturas: un mundo global construido por las relaciones, alianzas, sinergias y solidaridades de sus diferencias.

Enrique Leff

En una superficial y muy simplista aproximación, las migraciones se definen como el desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales.[1] Sin embargo, por sus implicaciones de poder y despojo, son más que meros desplazamientos de personas orilladas por causas diversas. En la mayoría de los casos, el trasfondo es mucho más complejo de lo que una definición de diccionario puede abarcar, pues implica relaciones de poder e impunidad, una visión mercantil de los recursos naturales privilegiada antes que el cuidado de éstos, políticas públicas que benefician a unos cuantos y dejan fuera a la suerte del despojo a la gran mayoría que tiene que buscar entre las migajas cómo sobrevivir.

Si bien, la evolución y subsistencia misma de los seres humanos en el planeta, está caracterizada por su desplazamiento en búsqueda de alimentos y condiciones más favorables para su vida,a partir del descubrimiento de la agricultura se establecieron en lugares específicos, configurando nuevas formas de sobrevivencia. Es casi en este momento en el que se empieza a gestar el fenómeno migratorio de la humanidad, como resultado de la organización de las civilizaciones. Las causas por las cuales las personas migran son muchas, van desde la pobreza, guerra, enfermedades y, de forma moderna,[2] migraciones por degradación del ambiente. Lo que refleja la estrecha relación que aún guardamos con él. En el presente trabajo esbozaremos una breve aproximación al fenómeno de las migraciones que miles de seres humanos tienen que emprender a causa de los cambios ambientales de los lugares que habitan.

Las migraciones responden a un mundo actual caracterizado por la enorme brecha de desigualdad social y pobreza, a una economía controlada y dirigida por contadas personas e instituciones, a una política de desarrollo basada únicamente en el valor monetario del planeta y no en la estrecha relación entre los ecosistemas y las sociedades. Hablar de migraciones ambientales es tocar una fibra sensible en todos nosotros, ya que prácticamente nuestro estilo de vida cambia de una y mil formas diferentes los ecosistemas. De hecho, hoy en día, la vida de los seres humanos se basa en la modificación del ambiente. Sin embargo, nada justifica que sobreexplotemos de una manera poco consciente e irresponsable los recursos naturales en aras de una supuesta mejora en nuestra vida.

Sin bien, los fenómenos ambientales son propios del planeta, como terremotos, erupciones volcánicas, existen otros que más bien son ocasionados por la negligencia y ambición de los seres humanos, que han basado el curso natural del planeta en un crecimiento económico que no respeta los ciclos naturales de los ecosistemas, esto ha llevado a que se vivan inundaciones, desgajamientos de cerros y montañas, desertificación de los bosques, sequías intensas y cambio climático (cuyas consecuencias no se conocen aún del todo), estos son los fenómenos que afectan a la población más vulnerable, que en gran parte de los casos ha obligado a su desplazamiento en búsqueda de una nueva oportunidad para subsistir.

Quizá el ejemplo más emblemático del siglo XX, es el del fenómeno conocido como “dust bowl” (cuenca árida), el cual fue ocasionado por la explotación intensiva del suelo para la agricultura, más las condiciones de sequía de la zona, lo que desembocó en grandes cantidades de polvo levantadas por el viento, polvo que cubría el horizonte. Jhon Steinbeck, quien nos ha dejado un crudo relato sobre este suceso, lo describe así: “la noche fue una noche cerrada, porque las estrellas no podían atravesar el polvo para llegar con su luz a la tierra; y las luces de las ventanas no iluminaban más allá de los patios. Ahora el polvo estaba proporcionalmente mezclado con el aire; una emulsión de polvo y aire”[3]. Este fenómeno ocasionó el mayor desplazamiento de personas en un corto tiempo, en la historia de Estados Unidos. Actualmente el “dust bowl” es considerado como uno de los síndromes de cambio global,[4]pese a ello, poco se ha hecho para frenar o al menos, no empeorar las condiciones climáticas en las que estamos inmersos.

Hoy en día, el desplazamiento de personas que ven amenazado su hogar por el incremento en el nivel del mar, acecha a países enteros, y se observa de nuevo el mismo efecto: los países más pobres se convierten en los más vulnerables ante esta situación ocasionada por el cambio climático;[5]cambio ocasionado en gran parte por los países más ricos, quizá esta sea la razón por la cual éstos estén obligados a recibir refugiados ambientales e invertir en investigación para generar las medidas de mitigación y adaptación necesarias para que como humanidad podamos hacer frente a esta crítica situación.

Hablar de migraciones ambientales no es muy común entre las agendas públicas de los gobernantes, aunque sucedan día con día y la estrecha relación que tienen con otros ámbitos las dejan de lado priorizando otras aristas de un mismo problema. En la mayoría de los casos los mismos migrantes no reconocen su desplazamiento por causas ambientales:

La degradación ambiental no sucede aislada sino que se produce en un entorno social, económico y político determinado. De esta manera, las consecuencias sociales de una degradación ambiental determinada variarán enormemente en función de estas circunstancias. Por ejemplo, las mismas tierras semiáridas de Almería que fueron fuente de migrantes ambientales en el pasado, con el desarrollo económico y tecnológico de la zona y la puesta en marcha de grandes extensiones de cultivos en invernaderos e instalaciones turísticas, se han convertido en destino de muchos migrantes del Magreb y el África Subsahariana que buscan empleo, aunque estas tierras sigan sufriendo una desertización galopante […] es habitual que personas que se ven obligadas a desplazarse por degradación ambiental, aunque sea parcialmente, no se refieran a ésta cuando exponen sus razones para migrar, haciendo hincapié en los motivos socioeconómicos (aunque la pobreza y el desempleo estén generados, en gran parte, por degradación ambiental)[6]

El mismo autor da diversos ejemplos que toma de la experiencia histórica de algunos acontecimientos de talante internacional. Por ejemplo, al hablar de la guerra de Vietnam se mencionan las causas y el desarrollo de ésta, sin embargo al abordar las consecuencias de ella poco se dice sobre el desastre natural que buena parte del suelo de Vietnam sufrió a causa del uso indiscriminado que el gobierno de Estados Unidos tuvo del agente de naranja, acción que obligó a miles de vietnamitas a modificar su vida: a salir de esos lugares, pues los efectos de esta sustancia aún persisten.[7]

Lo anterior deja entrever la estrecha relación que existe entre los seres humanos y el ambiente, las migraciones provocadas por este tipo de fenómenos son sólo una manifestación de la degradación de ese vínculo, de privilegiar el enriquecimiento material de unos pocos humanos y olvidar el respeto hacia los ciclos biogeoquímicos del planeta, las relaciones bióticas y abióticas de los ecosistemas y que formamos parte de un gran ecosistema: el Planeta azul. Quizá sea momento de reconocer que el medio ambiente es el escenario donde toda nuestra vida se desenvuelve, sin él no hay nada y el mundo, del que nos hemos apropiado, y si continuamos en la lógica de mercantilizar todo en él, cambiaría radicalmente con consecuencias que aún desconocemos. Quizá también sea momento de reconocer que detrás de los grandes desplazamientos de seres humanos no sólo hay causas políticas o económicas, exclusivamente, sino también ecológicas en las que se llevan a cabo. Es momento de reconocer que los cambios climáticos, la devastación de suelos, la desaparición de diferentes especies son problemas que nos conciernen a todos y como tal, debemos hacer frente en conjunto. Un primer paso sería tener plena conciencia de que las modificaciones en el ambiente son reales y nos afectan a todos, directa o indirectamente, social e individualmente.

[1] Diccionario de la Real Academia Española. Disponible en: http://dle.rae.es/?id=PE38JXcConsultado el 04 de enero de 2016.

[2] Los cambios en los ecosistemas han sido muchos y desde épocas antiguas ya se han realizado migraciones a causa de éstos, sin embargo es hasta nuestros días en que se está redimensionando el desplazamiento de grupos humanos por causa de modificaciones en el medio ambiente.

[3]JhonSteinbeck, Las viñas de la ira, México, Editorial Diana, 1975, p. 8.

[4]Lüdeke, M. K., Petschel-Held, G., &Schellnhuber, H. J.,“Syndromes of global change: the first panoramic view”, en GAIA-Ecological Perspectives for Science and Society, núm. 13(1), 2004, pp. 42-49.

[5] Los casos que más alarman son el de las islas del Caribe y las del Pacífico que están condenadas a desaparecer con el aumento del nivel del mar; el otro es la desertificación de varias hectáreas de terrenos en África.

[6]Jesús M. Castillo, Migraciones ambientales. Huyendo de la crisis ecológica en el siglo XXI, Bilbao, Virus Editorial, 2011, p. 17. En línea: http://www.viruseditorial.net/pdf/migraciones%20ambientales.pdf Consultado el 10 de enero de 2015.

[7]Ibíd., p. 19.