Graciela Leonis

Poco a poco la noche se desliza sobre el horizonte, se pierden los matices del día y las alas del silencio lo envuelven todo.

En la ciudad cosmopolita surgen las tinieblas enigmáticas, encubridoras,  sólo delatadas por las lumbres del cielo que titilan tímidamente al compás del mecer de la luna creciente.

Pero la noche en la desmesurada urbe es metáfora de la muerte, tiene vida propia. ¿Quiénes son sus moradores? Hay sombras que se cruzan conmigo.Me esfuerzo en mirar…

Veo siluetas casi iguales que caminan cabizbajas y acompasadas. Las esperan la puerta enrejada que se abrirá a su llegada, en los muros en contraste con la nítida cal, aparece negruzco y ahumado el nombre de una fábrica textil. Me llegan murmullos de resignación y reproches.

Ruido de pasos que escoltan a la oscuridad al final de la calle llaman mi atención, son mujeres que construyen placer sobre los escombros del dolor o quizás hombres sobre tacones altos ocultando sus temores en pelucas rubias que se tornan morochas con la complicidad de la negrura que todo lo esconde.

En el umbral de un comercio, diarios viejos tapan la realidad de la miseria humana, un olor a humedad me invade el alma. No puedo definir su sexo, su enmarañada cabellera oculta el rostro y la improvisada cama le da cobijo a su cuerpo enroscado, maltratado.

Paredes en helada ochava salpicadas por pequeñas ventanas que parecen agujeros negros se levantan ante mí,  aquí la tenebrosidad esconde el padecimiento de cuerpo y  mente. La sirena abrumadora corta el silencio implacable para recordar el sufrimiento de otros, son los enfermos de un hospital que aguardan la esperanzadora claridad.                                            

Contemplo las escenas ante mí con un abatimiento y una irremediable tristeza. ¿Es acaso la noche única poseedora insensible de los infortunios del ser? ¿Tal vez la opacidad está para nublar verdades que duermen durante el día? ¿Qué es lo que me  alienta a contemplar sus misterios y adentrarme en las vidas de quienes la habitan, si sólo veo oscuridad detrás  de la injusticia?

Noche urbana- Héctor Mateo

Noche urbana- Héctor Mateo

Entonces desde una ventana apenas iluminada una visión etérea me enternece, es una mujer con un bebé en brazos. La figura se deja ver según el movimiento de  las cortinas blanquecinas que parecen flotar al compás de la briza. Ella y su hijo envueltos en el maravilloso diálogo de amor nocturno me hablan de futuro.

¿Será el mañana como esta noche en que la que deambulan expectantes las desdichas humanas?
Tal vez algunos tendrán suerte, para la mayoría queda el silencio de las tinieblas.

En el comenzar del día el sol penetra en las calles como ráfagas de luz. Y yo busco el celeste en el cielo, el aire limpio, puro y diáfano, imploro por una imagen complaciente que aquiete mi alma.