Por Édgar G. Velázquez

Tu nombre

imitando el silencio de lo oscuro,

inundando los cuartos de sueños,

cubriendo el último rincón del olvido.

 

Las velas del día fueron sopladas

por la violencia de las horas.

 

El ruido de los animales escarbando la tierra,

el eterno instante de la caída.