Por Ilargi Zweig
que se derrumben todos los gritos
que las miradas se borren en silencio
Y los días renazcan con ternura.
Que las palpitaciones asesinen corazones
y los muertos se levanten alegres,
las flores se colisionen y se vuelvan palabras
y los cobardes dejen de llorar piedras.
Que de las grietas surja la esperanza,
y con ella surja también el odio,
que las noches naveguen bajo los llantos
y los días no dejen de ser suspiros inútiles.
Aquí, donde se concentra toda la soledad y pesa más que el plomo,
donde los ríos no son azules y se desbordan de lágrimas,
y los recuerdos son estúpidos cristales rotos.
Aquí, donde llega toda la naturaleza muerta y putrefacta,
y toda la tristeza del mundo
y todos los amores perdidos
y todos los perros románticos.
¡Aquí habitamos!
