Por Arturo del Villar
Madrid (España)
Campesinos, obreros, proletarios,
una clase social unificada
que mueva al mundo, puede ya pararse
cuando es la antorcha del poder blindada,
por su esfuerzo despiertan los mercados
y las cosechas brotan ensanchadas.
1917: nace
para todos con gloria la esperanza,
tiembla el dinero acobardado y sucio
porque pierde su estampa soberana
cuando suena una voz desconocida
repleta de ira revolucionaria
para cambiar el nombre de las cosas,
y una famélica legión armada
consigue que la historia se detenga,
rompe el pasado y funda nueva suerte
por una estrella roja iluminada.
Sobre un estrado de maderas toscas
grita un hombre del pueblo su palabra
sencilla, natural y convincente
para poner a los cerrojos alas.
No está en un trono, quiere derribarlos,
ni busca la belleza literaria
su discurso de fuego y cicatrices
para abolir la esclavitud humana,
se entiende fácilmente su argumento
y el pueblo que lo escucha se entusiasma,
porque anuncia el reparto de la tierra
entre quienes se esfuerzan en labrarla,
con dominio común del territorio,
y serán para todos las ganancias.
Es la primera vez que siente el mundo
latir una profunda llamarada
de libertad, salida de las minas
donde unos hombres sufren y trabajan
sin más derechos que acatar deberes;
sigue creciendo sin control la llama,
cubre los campos con orgullo altivo,
se funde con el ruido de las fábricas
y alcanza al mar, en donde persuasiva
convence a las corrientes que la arrastran.
Suena a liberación sin condiciones
de la abusiva ilicitud pasada,
como un asalto táctico a los cielos
inspirado por una nueva raza
que golpea de frente la miseria
y a los miedos antiguos da una alas
con las que remontarse a las estrellas
donde poner la dignidad humana.

Hay que agruparse contra los tiranos
que encarcelan feroces nuestras ansias,
reyes y sacerdotes son los mismos
enemigos del pueblo con jactancia,
tienen poder y fuerza con dineros
que el pueblo sometido les sufraga,
llega el momento clave de la lucha
contra el capitalismo y sus mil zarpas,
agrupados por una sola idea,
movilizada la legión esclava,
todos contra el dominio de los amos,
vayamos juntos a las barricadas
para ser centinelas del futuro,
ciudadanos en una misma patria
con paz y libertad que nos igualen.
Escuchemos la voz: Lenin nos llama.