I.J. Hernández
(Tenerife, España)

El sóviet soñó con un armatoste
que escribía poesía
en el sexo de las estrellas.
Soñó
con icebergs de vodka
y autoridad bajo cero.
Cuando uno se enamora del frío
no hay calor que lo desenamore.
Soñó
que para eso no hay dios que prohíba soñar
en unicornios que te sacan de pobre
perforando tus entrañas.
Minifundios
incendios de nieve.
Los unicornios palmaban
porque la magia es sueño dentro de otro sueño
y nadie despierta para echar de menos a los unicornios.
Soñó
que plantaba balas
y brotaban los muertos.
Y los niños saboreaban
sus dientes de leche.
Y las mujeres sepultaban
la levedad del ser
como sombras en la niebla.
Lo industrial y lo rural
segándose a besos de tornillo.
Soñó que los niños
iban a la escuela
desdentadas obras de arte
pobres diablos sin dios.
Les enseñaron a amar lo primero
lo segundo a odiar al que no amaba
y lo tercero
a gritar frases hermosas
en tiempos de tristeza.
Este sueño lo afligía sobremanera.
Uno nunca olvida al hombre que era de niño.
Soñó
todos los días de su vida
y solo recordaba
¡Vaya por dios!
Las noches que moría.
Soñó que alguien prometía
que nadie sería un don nadie.
¿Fue Miliukov?
¿Fue Lenin?
¿Fue Trotski?
¿Fue Máximo Gorki?
¿Fue Mariya Spiridónova?
¿Fue Nadie?
Los inviernos pasaron
y los buenos y los malos y las tropas regulares
se repartieron el sol que hace justicia.
La igualdad cayó por su propia debilidad.
Acción revolución delirio colectivo
participo
luego existo
luego es siempre demasiado tarde.
Las ideas fenecen
cuando el cuerpo renacido
es un monstruo incontrolable.
Da fe
el ejército blanco
el ejército rojo
el ejercito verde.
¡Madre del amor hermoso!
Cuántos fusiles hacen falta
para estudiar anatomía.
Y los niños del sueño
Abandonaron la escuela
(Corriendo como hacemos en los sueños
puede que lloraran o lloviera)
para trabajar en fábricas muy feas
que eran de todos y de ninguno.
Y contaron con los dedos
y les sobraron uñas
para cortar el hambre.
Dios no existe
les dijeron
Dios es un hombre insatisfecho.
No hay cirugía para el alma. Cósete a mordiscos.
El Sputnik estalla.
¿Puedes verlo?
Nadie dijo que las estrellas tuviesen sexo.
Siempre nos quedará la mancha de Gorbachov
Seúl 88
y las camisetas del Sputnik.
Fantástico.
Me ha encantado…
Y cuando algo me encandila me quedo sin palabras.
Bravo, tovarich.
Gracias Sputink lover!! Abrazos infinitos!!
Un placer colaborar con Los Heraldos Negros, cuyas temáticas son tan necesarias como inspiradoras.