Por Édgar G. Velázquez
A Osip Mndelstam.
¿Cuánta violencia para crear de la noche al día?
Su hondo suicidio oscuro…
Que las voces se hagan polvo
para que la eternidad las selle
y se abra un mundo en el ojo de la aguja,
en el ojo de la puerta,
para nuestras voces pequeñas
que no son contadas por el largo tiempo.
De las espinas se levanta el día,
de mi pecho vuela el tiempo
y una piedra me recuerda la eternidad.
Escribo mi nombre y es otro quien lo lee.
El sol renace de los dientes negros de la tristeza
y con sus esquirlas se corona una azotea.
