Diariamente, tanto en los periódicos nacionales como en los extranjeros, aparece alguna noticia relacionada con el tema de la migración internacional, el cual, vale señalar, resulta ser un asunto complejo que, en palabras de Bob Sutcliffe —economista británico, especialista en temas de economía internacional—, se torna difícil de digerir, no sólo porque se trate de un fenómeno multifacético que requiere las contribuciones de diversas disciplinas, sino porque, en las sociedades modernas, donde los seres humanos parecen ser una especie sedentaria, dividida en muchos grupos y culturas, cada uno de los cuales corresponde a un lugar geográfico que es su territorio, parece difícil considerar a la migración como una parte normal de la vida humana.

En contraste, la migración es juzgada como un fenómeno inusual, anormal, excepcional, hasta socialmente patológico, con lo que lamentablemente se señala y, por lo tanto, se perjudica más al migrante que sale de su lugar de origen para establecerse en otro que, aparentemente, le ofrece mejores condiciones de vida, que en las verdaderas fuerzas que lo orillan a migrar: las fuerzas emitidas desde la violencia del Estado que, por un lado, no es capaz de garantizar una vida digna a todos y por el otro establece una serie de condiciones, muchas veces inalcanzables, que restringen la capacidad de movimiento de las personas.

En la mayoría de los países del mundo es perfectamente legal que un habitante se mueva dentro del país. Pero el movimiento entre distintos países no es siempre legal. Muy al contrario, es siempre ilegal si no se siguen varios procedimientos legales. La migración internacional cambia el status jurídico de la persona de una forma que no lo hace la migración interna.[1]

Autor: José Manuel Ruiz

“Altar a San Cristobal” Autor: José Manuel Ruiz

Así pues, la libertad de movimiento, que constituye un derecho básico de los ciudadanos y que además forma parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos resulta ser, paradójicamente, una contradicción (al menos aparentemente) de los sustentos ideológicos que permitieron la consolidación de los Estados-nacionales. Es decir, si existiera libertad de movimiento en el mundo entero, eso significaría el desmantelamiento de uno de los aspectos más importantes de los Estados-nación: su derecho a controlar los movimientos a través de sus fronteras.

Esta aparente contradicción, que finalmente se traduce en la violencia intrínseca del Estado, resulta ser una de las caras más escalofriantes de la dinámica de las actuales sociedades modernas; la otra cara, que no deja de ser violenta, se dibuja por las condiciones sociales, económicas, culturales, políticas, que obligan a las personas a dejar su lugar de origen.

El tema de la migración pues, merece y necesita amplias y serias reflexiones, por lo que la Revista Los Heraldos Negros, los invita a hacer de ésta, un espacio de análisis, debate, discusión y, sobre todo, un espacio donde sea posible verter propuestas y encontrar caminos menos inhóspitos.

Ante esta propuesta temática, hay algunos otros subtemas que no podemos dejar escapar:

-La migración forzosa

-En busca del sueño Americano

-Las condiciones laborales de los migrantes

-Los que se van por la guerra

-La recepción de los migrantes; el racismo y la intolerancia

-Implementación de políticas públicas en torno a los migrantes

[1] Bob Sutcliffe, Nacido en otra parte. Un ensayo sobre la migración internacional, Bilbao, Hegoa, 1998, p. 13.