El pasado sábado 16 de enero, maquinaria pesada destruyó 59 hectáreas de manglar que se encontraba en el malecón de Tajamar. Ante tal hecho activistas y miembros de la sociedad civil no pudieron más que expresar su descontento y desaprobación. Sin embargo, la destrucción del manglar sólo dejó claro, una vez más, la colusión que existe entre los tres niveles de gobierno (federal, esta vez bajo el nombre de Fondo Nacional de Turismo; estatal: se ha demostrado la complicidad del gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo; y municipal, con la participación del edil Paul Carrillo) y los intereses de la iniciativa privada. La entrada de las máquinas es sólo l’intermezzo de un largo proceso iniciado en 2005 y cuyo fin ya está trazado, pero no consolidado.

Lo ocurrido en Tajamar es sólo un botón de muestra de cómo funcionan las instituciones, en este caso encargadas de proteger el medio ambiente, en el país: la mayoría de las veces no se rigen por los beneficios que tiene conservar áreas naturales, sino por los beneficios económicos de bolsillos de particulares. A nivel nacional son muchos los ejemplos que podríamos citar: la aprobación a distintas mineras, en su mayoría extranjeras, para laborar en zonas habitadas por grupos indígenas; la devastación en la selva de Chiapas, la contaminación de ríos no sólo en México, sino también en América Latina y otras partes del mundo. Ante el poco o nulo cuidado del ambiente, la regulación por parte de los gobiernos no está muy clara o, simplemente, no existe.

Ante situaciones como Tajamar, mismas que nos afectan a todos, Los Heraldos Negros propone reflexionar sobre el tema de la “Devastación ecológica”.

Desde la selva de concreto del infierno mexicano.

Comité Editorial de Los Heraldos Negros.

“Luchamos para hablar contra el olvido, contra la

muerte, por la memoria y por la vida.”

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