Por Edgar P. Moreno

Entonces uno podía entrar a un club y descubrir una silueta negra tocando su trompeta con el tempo acelerado. Ese conjunto de notas melancólicas, acordes bulliciosos y fraseos irregulares eran más que música, más que el sentimiento emancipado del alma encarnado en el sonido improvisado de una armonía, era la ciudad de negros yuxtapuesta a esa maldita ciudad americana de postguerra que los aislaba en guetos. El bop fue la muestra de un plano urbano de disidencia donde se plasmaba la discordancia. La modulación ampliada con movimientos abruptos, las notas acortadas y los contratiempos, fueron el ejemplo concreto de cómo los músicos negros empuñaron artimañas para extender su libertad, y no me refiero sólo a lo musical.

Cuando Lee Morgan grabó City Lights en el sello Blue Note, dejó impreso un legado sonoro marcado por el resplandor de la ciudad eléctrica, la ciudad americana de oropel, fulgurante y espectacular, pero todo brillo esconde una cara de obscuridad, este plano urbano encubría los reclamos crecientes de una clase oprimida, de músicos como Morgan que tocaban en clubs de subterráneos (sujetos de segunda reprimidos por el Estado).

Lee Morgan. Fuente: https://www.linkedin.com/pulse

Lee Morgan. Fuente: https://www.linkedin.com/pulse

El jazz dibujó los planos disconformes de la musicalidad de mediados del siglo XX, construyó un sonido que mostró la vida de una clase explotada y reprimida. El hard bop fue una manera de ejercer civilidad, de luchar por los derechos; no se trató sólo de música, formó parte de un movimiento ciudadano que demandaba la igualdad de derechos civiles para los negros en Norteamérica. La conciencia de clase del hard bop comprendió que la música podía ser más que una vía de expresión, debía ser un medio de lucha, un espacio legítimo donde pudiesen enunciar sus descontentos.

A finales de los cincuenta, el free jazz no sólo supuso una ruptura radical con los estilos del swing y el dixieland; liberó porque apostó a la improvisación, a seguir una dirección impredecible basándose únicamente en la intuición musical. El free jazz buscó la autonomía de sonidos, no es que fuese necesariamente atonal pero prescindió de ciertas reglas; el ritmo y el tempo no existían en ningún instrumento sino que se extendían de forma global, fue un estilo que se cimentó en el virtuosismo y en la capacidad de improvisación de los intérpretes, se trató de una ruptura con el canon, un intento de trastocar el entendimiento musical (implantado por un régimen dominante) y de transformar los modos tradicionales de producir música.

El jazz liberó a través de la toma de consciencia, se orientó hacia la producción de un arte inculto brindando una superficie de inscripción a la masa popular discriminada por los regímenes de las artes. Las reglas clásicas de la música se dejaron a un lado, si pensamos en Ornette Coleman, tanto las armonías como la técnica le fueron secundarias, lo que le importó era la autenticidad de la expresión. Coleman se concentraba en la melodía dejando fuera cualquier armonía preestablecida (de modos, escalas e incluso de métrica). En sus agrupaciones prescindió de piano, todos los instrumentos tenían la misma relevancia y los intérpretes eran libres de tocar como quisiesen (siguiéndose melódicamente los unos a los otros). El free jazz desafió los estándares preestablecidos por los cánones estéticos del arte occidental hasta entonces, no sólo aquellos que determinaban las funciones de la métrica, armonía y melodía, también aquellas que aparentemente protegían la pureza de la música como parte de un arte culto y superior. En su momento, el jazz fue percibido por las élites musicales como una expresión popular burda, pero aún con ese estigma marcó una época y creó un sonido nuevo con independencia normativa. Representó la lucha por la emancipación con un orden blanco dominante. El free jazz fue un sonido violento, áspero, agresivo y visceral porque era un sonido de disputa, no se creó para el disfrute llano sino para emancipar, para ejercer la libertad de la comunidad reprimida.

We insist!: The Freedom Now de Max Roach es un claro ejemplo de esa búsqueda de libertad. La portada (una referencia al movimiento de derechos civiles) muestra a tres hombres negros sentados en la barra de un típico American diner mientras un camarero blanco los mira nervioso detrás del mostrador. ¿Qué tiene eso de subversivo y revolucionario? Podemos pensar que son sólo tres tipos negros sentados en un café, pero en 1960, año en que se lanzó este álbum, la discriminación y persecución racial no eran precisamente ilegales; la marginación por el color de piel fue un mecanismo institucionalizado de sometimiento, por eso la portada se vuelve relevante, muchas personas en los Estados Unidos vieron esto como un ultraje, una provocación a la ley no escrita que determina el lugar y papel de las personas.

¿Un hombre blanco sirviendo a negros? Era impensable, casi inmoral. Triptych: Prayer/Protest/Peace, la pieza número tres de este álbum, expresa claramente el sentimiento combativo de Roach. En Prayer yace la voz del pueblo oprimido; Protest es una catarsis violenta motivada por el miedo, la rabia, el enojo y el dolor acumulados, que explotan ante una amargura imposible de mantener. Antes de grabar esta pieza, Roach le explicó a la vocalista Abbey Lincoln que Peace se trata de una sensación de cansancio relajado después de haber hecho todo lo posible, puedes descansar porque has trabajado para ser libre. Triptych: Prayer/Protest/Peace nos muestra el camino a la libertad; la batería de Roach junto a los susurros, alaridos y gemidos de Lincoln, solos, improvisando juntos sin nada más.

A quién le importa la grandeza de la ciudad norteamericana con sus íconos seductores cuando encubre a la ciudad subterránea, la de los negros, de los latinos, de los asiáticos, la de todos “los otros” que no son considerados como auténticos americanos. Esa alta cultura del racismo y del control de las minorías importa un bledo. Me interesa esa ciudad negra, la ciudad rebelde que resiste y se refleja en la asincronía del jazz, un sonido que encarna el andar, el asombro, la tristeza y la indignación de un ignorado como lo soy yo, como tal vez, lo eres tú.

¡Libertad ahora, no podemos esperar!

We insist. Fuente http://mp3red.me

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