Por Héctor Mateo

Los movimientos sociales de las últimas semanas en México han estado protagonizados por las mujeres, no sólo por grupos feministas de diferente índole, sino por gran cantidad de mujeres que por lo menos una vez en su vida han recibido algún tipo de violencia sexual en la calle, en el hogar, el trabajo, transporte público, etc. Y cabe resaltar un fenómeno de gran importancia que, aunque no lo parezca, tuvo su inicio en las redes sociales y donde generó, por supuesto, su mayor difusión. Nos referimos al fenómeno que se conoció como #MiPrimerAcoso, donde miles y miles de mujeres se atrevieron a compartir sus experiencias respecto a la primera vez que fueron violentadas sexualmente.

El compartir un hecho de esta dimensión frente a las demás personas, generalmente con sus conocidos en  redes sociales, no debió ser nada fácil y eso merece en principio una gran admiración. Este atrevimiento es aún mayor debido a que aproximadamente el 90% de las mujeres que compartieron sus experiencias a través de #MiPrimerAcoso fueron violentadas por primera vez entre los 6 y 16 años de edad. Estas son edades en las cuales los traumas afectan en mayor grado, además de demostrar que la niñez es la etapa más vulnerable en México. Entre las palabras más repetidas en los testimonios fueron “cuando era niña”, “recuerdo”, “culpable”, “tocarme”, “miedo”…:

#MiPrimerAcoso fue a los 4 años. No recuerdo muchas cosas de mi infancia, pero ese momento por más que quiera no se borra.[1]

Los datos de Adrián Santuario, académico de la UNAM, quien realizó el algoritmo que estudió las publicaciones con dicha entrada, demuestra que más del 50% de la mujeres que escribieron su experiencia no superaba los 10 años de edad cuando sufrieron el ataque que relatan.[2] Así mismo, estos datos no sorprenden a los investigadores y especialistas del tema puesto que conocen cualitativa y cuantitativamente los casos de muchas otras mujeres fuera de las redes sociales electrónicas; sin embargo aceptan que el fenómeno de #MiPrimerAcoso tiene una gran importancia al crearse colectivamente y acercarnos a las experiencias de conocidas, amigas y familiares que tenemos en Facebook o Twitter, principalmente.

Estos números, como bien explican los especialistas, se han estudiado y analizado más de lo que se piensa pero son poco conocidos. Ahora, se están dando las condiciones no sólo para difundirlas sino para crear y buscar soluciones. Los problemas son muchos y son grandes. De acuerdo con los testimonios, el tema de la pederastia es más recurrente y no sólo fuera del círculo familiar sino dentro y con mayor riesgo para la víctima, sean niñas o niños.

El problema entonces es la normalización de la violencia general, en este caso específicamente contra la mujer y que se cataloga ya como una “cultura de la violencia sexual” donde el feminicidio es su máxima expresión. Así pues, atender al acoso “normalizado” resulta también contrarrestar los homicidios o la trata de personas en la Ciudad de México, Ciudad Juárez, Guerrero, Veracruz, México, Estados Unidos, Brasil, América, Europa, África, etc.

Esa normalización de la violencia es el mayor peligro al que todos nos hemos enfrentado desde hace años. En el caso de la mujeres se suma el silencio colectivo e individual ya sea por el sentimiento de vergüenza, culpa o miedo. Peor aún, se suma la estigmatización y la incredulidad contra quienes en algún momento se han atrevido a decir y hasta denunciar legalmente el ataque recibido.

Alguno de los testimonios lo confirman:

…durante casi 15 años nunca lo conté pensando que eso era algo que pasaba, sino que era algo que sólo me pasó a mí y contarlo era hablar de mi mala suerte […]. Ahora veo que no, que es algo que pasa, que pasa mucho, que pasa siempre y por alguna razón nació entre normalizado y negado.[3]

La creación de colectividades como la de #MiPrimerAcoso, sin embargo, también es limitada y resulta de gran importancia pensar por qué si es que realmente nos interesa el tema de la violencia de todo tipo y en específico contra la mujer. Como en muchos otros movimientos sociales, las redes sociales han tenido un gran protagonismo en la vida cultural, social, económica y política, pero también demuestran la separación que hay entre los que cuentan con los medios para acceder a internet y los que no. Esto implica que falta en demasía incluir a los excluidos de las redes sociales; las mujeres del campo, a las sin techo, a las migrantes indígenas, a las obreras y miles de mujeres que no pueden leer o exponer en un hashtag no sólo la violencia de género en lo sexual sino también en lo laboral, lo psicológico, entre otros a los que están expuestas, incluso, diariamente y en cada momento.

El atreverse a hablar y compartir sus experiencias ha resultado ser una catarsis para quienes escribieron su experiencia y así crear confianza a quienes no. Como se mencionó anteriormente, el acoso empieza desde temprana edad para las víctimas de ambos géneros, la diferencia radica en que el acoso hacia las mujeres sigue hasta la edad adulta. Esta indignación dio pie a unirse y salir a las calles para gritar, exigir, agarrar coraje y enfrentar el problema. Lo que no hay que olvidar es que el género en sí no es el problema, sino los factores que propician los diversos síntomas de degradación social en el que se incluye específicamente el de la violencia contra la mujer. El crear colectividad y actuar en conjunto ha sido la mejor arma y este tipo de violencia lo podemos afrontar también en colectividades aún mayores pues no sólo les compete a ellas exigir justicia para Daphne, para Andrea, para Juan, para Antonio, para los miles de desaparecidos y asesinados, así como defender los derechos humanos de estudiantes, trabajadores, maestros, activistas, periodistas, niños, ancianos, hombres y mujeres que hemos sido violentados por el sistema, que lamentablemente seguirá acosándonos a todos pero que hay que combatir.

[1]“#MiPrimerAcoso, el hashtag que sacudió emocionalmente”, Excélsior, 25 de abril de 2016, recuperado de: http://www.excelsior.com.mx/de-la-red/2016/04/25/1088688

[2] Abril Mulato, “El gráfico sobre la edad a la que empieza el acoso en México”, El País, 19 de Mayo de 2016, recuperado de: http://verne.elpais.com/verne/2016/05/19/mexico/1463615258_699475.html

[3] “#MiPrimerAcoso: Mujeres comparten sus desgarradoras historias de acoso”  Sopitas.com, 23 de Abril de 2016, recuperado de: http://www.sopitas.com/607559-vivasnosqueremos-miprimeracoso-equidad-de-genero-acoso-sexual-mujeres/