Por Judith Almonte Reyes

(Estudiante de Psicología Educativa)

Cada mañana despierto en esta dura realidad, preguntándome dónde están los malditos amigos de fiesta, dónde quedaron aquellos que dicen aceptarme pese a las circunstancias si lo único que quedan son restos de una felicidad efímera…las noches las vivo a través de la intensidad al sentir esas ansias de libertad por convencerme que no soy digno de mostrarme tal como soy…esos amores de ocasión por mantener oculta mi identidad.

Soy solamente lo que tú quieres ver, un cuerpo lleno de cicatrices por el dolor, vestido de lentejuelas para brillar como las luces neón, las cuales suelen ser mi mejor compañía en esta vida de cabaret.

Maquillo hasta mi corazón con el labial más indeleble que encuentro a mi paso, nadie puede ser testigo de que vivo mintiéndome por no ser consciente de que llevar una doble vida me está matando. Dejó mi corbata y mis lentes de hombre respetuoso para convertirme en una escoria de persona…así me siento.

Sentimientos infundados en el rechazo de mi madre, de mi padre, me han convertido en un ser solitario, temeroso, sintiendo culpa y vergüenza por no ser el hijo que ellos deseaban. Cuando descubrí esos deseos internos, me sentí tan femenina al calzar esos tacones divinos que aún conservo en el armario…me asusté. No supe lidiar con mis pensamientos y preferí seguir en el anonimato.

Duele saber que no soy aceptado…que este mundo tan hostil se encargó de hundir mis sueños en el fango. Cruzar el puente hacia los umbrales del paraíso prometido…¡¡¡¡mintiéndome!!!