Judith Almonte Reyes

(Estudiante de psicología educativa)

Evoco las historias más tristes que puedo imaginar en esta plaza llena de recuerdos, de risas que a través del tiempo fueron quedando en el olvido, de esa gente libre, vendedores, niños corriendo, con esa alegría muy característica de los inocentes, ajenos a sospechar el dolor que llevarán tatuado en sus memorias hasta el último día de su existencia.

Pueblo bendito, ¿dónde quedaste?, dime ¿a dónde se fueron tus habitantes?, ¿por qué dejaste que murieran de hambre, de sed, de cansancio?, ¿por qué lo permitiste?, ¿a dónde se fueron esos sueños de libertad? Vamos, responde ¿por qué no los defendiste, por qué no los protegiste de esos malditos y arrogantes gobernantes tan falta de carácter ante los extranjeros que vendieron a los nuestros?, Los esclavizaron en el dolor, en la incertidumbre de que un mejor mañana no existe, no al menos para ellos. Perdieron todo, sus familias, sus esperanzas y hasta la poca dignidad que poseían.

Los despojaron de sus sueños, sus tierras, sus ideales, estuvieron sometidos a esas atrocidades que nunca nos atrevemos a mencionar, queremos olvidar cuando no es justo para nuestros hermanos. Ellos pagaron por la estupidez de un perfecto ególatra, ríos de sangre inocente han corrido a través de los años, años de apatía, donde la miseria humana está presente cada instante.

Vamos, México, emprendamos esa lucha, esa que nunca se nos ha permitido, defendamos nuestros derechos. No es justo ser sometidos a los caprichos de un monopolio. Pocos son los afortunados de vivir en la riqueza y la mayoría en el asfixiante ambiente de la pobreza.

Opresiones en el pasado y dictaduras modernas, dime cuál es la diferencia, mi querido pueblo hasta cuándo dejaremos que esta tranquilidad aparente del pueblo forzada por medio de la violencia nos gobierne. Gozamos solamente de promesas de libertad.

Ilustrador: Héctor Mateo