Por Ricardo González

En Rusia casi la mitad del año es invierno. Los vientos son fríos y la tierra se confunde con la nieve. Allí la gente nace con la naturaleza de su región impregnada, fuerte y difícil de roer.

Pero hubo una temporada en que además de blanco, el suelo también se tiñó de rojo. No hablo de la época en que Napoleón se retiró de Moscú, derrotado militarmente, ni más adelante, cuando Hitler, convidado por su invicto espíritu, recibió la derrota que sentenció su camino en sus pretensiones expansionistas. Me refiero a la era en que los rusos se volcaron contra sí mismos y, como tal, provocaron que encontraran en las armas, la sacra esperanza para alcanzar su libertad. Existe un breve capítulo que me contó mi abuelo sobre la Revolución Rusa de 1918, el cual vale la pena decir.

Corría, como dije, el año de 1918, para entonces el mundo observaba a la llamada Gran Guerra, en la que por primera vez las potencias mundiales se reunían para enfrentarse en dos poderosos bandos. En ese año, Rusia ya no se contaba entre los beligerantes. Pues en 1917, en sus entrañas surgía la injusticia, producida principalmente por la corrupción de sus instituciones, es decir, la imperiosa necesidad de continuar participando en la Gran Guerra, descuidó las inversiones necesarias para beneficio de la población rusa. La gente simplemente estaba cansada de los sacrificios hechos para poner el nombre de Rusia en el plano internacional.

Para febrero de 1917, el Zar Nicolás II de Rusia ya había abdicado y en su lugar, el Gobierno Provisional Ruso hacía las veces de líder nacional. Los hombres que personificaron al jefe de gobierno fueron Gueorgui Lvov, del 15 de marzo al 21 de julio y Alekseandr Kérenski del 21 de julio al 7 de noviembre. En octubre fue cuando Trosky y Lenin decidieron actuar definitivamente para batir al Gobierno Provisional. Así Kérenksi decidió hacer lo suyo. Fue precisamente éste último, quien tuvo la oportunidad de restituir el camino de Rusia, pero cometió un error o, mejor dicho, sufrió un error producto de la corrupción e ineficacia de las instituciones de la época.

(en Inglaterra)

— Señor primer y Ministro, hemos recibido una misiva. Es de parte del Gobierno Provisional de Rusia. Solicitan apoyo de nuestro ejército para que Rusia continúe batallando contra los alemanes y, además, resista el ataque bolchevique, a fin de frenar los intentos bolcheviques de expandirse por Europa y el Mundo. Agrega que el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado ya ha confirmado su lealtad a las unidades Sóviets para hacerle frente al gobierno. Está firmada por Alekseandr Kérenski.

David Lloyd George pensó algunos segundos y después respondió:

—Es una situación difícil. Nuestra gente verá con malos ojos que el ejército ayude a otros gobiernos y no al propio pueblo. Debo meditar.

—Según los reportes, no sólo nos han pedido ayuda a nosotros. También a España, Bélgica, Montenegro, Reino de Serbia, incluso a Francia, que está toda demolida, a Italia, recientemente ingresada a la Alianza y a los Estados Unidos de América, que ya ha arremetido contra los alemanes.

—Entonces que manden la ayuda ellos.

—Señor… otra cosa…

—Dígame

—Está firmada con fecha de 21 de octubre, solicita la ayuda para el 24 de octubre calendario gregoriano, pero estamos a 7 de noviembre.

—¿No trae datos calendáricos?

—No señor, al parecer hubo un error por parte de quien envió la carta. Utilizaron el calendario mundial para hacer referencia, esto provocó que la carta se retrasara en los propios mensajeros que, confundidos, provocaran que apenas llegara la carta.

—¿No pudieron enviar a un mensajero oficial? —preguntó el Primer Ministro

—El Gobierno Ruso tiene muchos problemas señor. Debieron improvisar.

—Esto nos deja poco tiempo para decidir. No podremos ayudar, envíe una misiva señalando las causas por las que es imposible ayudar a nuestro antiguo cordiale.

Todo el espacio quedó sumido en silencio. La preocupación por Rusia era relativamente alarmante, pero en primer lugar estaba salvaguardar el país propio. La ayuda solicitada no podría llegar a Rusia. El ruido de la puerta principal rompió la quietud. Un joven soldado entregó otra carta al soldado.

—Señor… otra carta proveniente de Rusia.

—Hoy, 25 de octubre /7 de noviembre, el corrupto gobierno ruso ha sido disuelto, viene firmado por la siguiente frase:

*¡Proletariados de todos los países, uníos!

El silencio volvió a dominar la sala.

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