Por Freddy González[1]

 Somos la vida y la alegría en tremenda lucha

contra la tristeza y la muerte

Argimiro Gabaldón

“Disparen primero y averigüen después”, es una frase que quedó inmortalizada de manera negativa para la historia venezolana a manera de decreto por el entonces presidente de la IV República de Venezuela: Rómulo Betancourt (el mal llamado “Padre de la Democracia”), quien el 13 de febrero de 1961 configura con esa frase la legalización de la pena de muerte en contra de los considerados “cabezas calientes”, comunistas o izquierdistas disidentes de su falsa democracia.

Esta siniestra frase enmascarada de legalidad trajo como consecuencia, a través de sus prácticas y métodos, una terrorífica persecución, una enorme estela de mártires asesinados, de desaparecidos, de torturados, lo cual es necesario reivindicar, de hacer justicia, de no olvidar. ¡Prohibido olvidar!, dice una consigna venezolana.

Entre los casos más sonados de desapariciones y torturas ocurridas durante la IV República de Venezuela, podemos mencionar:

1.- “La Masacre del Barcelonazo”: (5 de marzo de 1960) se produce una sublevación en la Ciudad de Barcelona en contra del gobierno de Betancourt. Fueron detenidas muchas personas entre civiles y militares, luego aparecen 21 de ellas asesinadas.

2.- “La masacre del Carupanazo”: donde el 3 de mayo de 1962, en la ciudad de Carúpano, Estado Sucre, se produce un levantamiento en contra del gobierno de Betancourt, por parte del Batallón N° 3 de Infantería y del Destacamento Nº 77 de la Guardia Nacional (GN). Betancourt envía al ejército “a disparar y después averiguar” con un saldo de más de 2.000 muertos y más de mil prisioneros.

3.- En ese mismo mes y año ocurre “la masacre del Liceo Sanz”: (4 de mayo de 1962) en la ciudad de Maturín, estado Monagas, donde fueron masacrados los estudiantes Alberto César Millán Marcano, de 18 años de edad y José Rafael Guerra Silva de 19 años por funcionarios policiales y activistas del partido Acción Democrática (AD) y Copei.

4.- “La masacre de Cantaura”: (4 de octubre de 1982), ocurrida en Cantaura, estado Anzoátegui, en el gobierno de Luis Herrera Campins (Copei), donde un grupo de estudiantes, en su mayoría de la Universidad Central de Venezuela (UCV), reunidos en un lugar de ese sector fueron bombardeados con 17 bombas de 250 libras, lanzadas por cuatro aviones de la Fuerza Área de Venezuela. Después de efectuado el bombardeo los heridos fueron ejecutados, arrojando un saldo de 23 muertos. Todos estaban desarmados.

5.- “La masacre del Amparo: (29 de octubre 1988), ocurrida en el Estado Apure, en la presidencia de Jaime Lusinchi (AD), donde fueron asesinados quince pescadores en el caño “Las Coloradas”, fueron acusados también de guerrilleros subversivos.

6.- “La masacre del Caracazo”: (27 de febrero de 1989), durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez (AD), ocurrida en la ciudad de Caracas, iniciándose primero en la ciudad de Guarenas, donde se produce un estallido social producto del aumento del precio del transporte, como parte del programa establecido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), denominado “Paquete Económico”. Carlos Andrés Pérez, ex ministro de Relaciones Interiores del gobierno de Betancourt, y siguiendo la otrora frase de su jefe, ordena la intervención del ejército. Con un saldo entre 400 y 2.500 civiles muertos y desaparecidos. Algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) calculan aproximadamente 10.000 personas, entre muertos y desaparecidos.

7.- Algunos líderes y lideresas asesinados o desaparecidos en la IV República: Livia Gouverneur, militante de la Juventud Comunista (asesinada en 1961, gobierno de Betancourt); Fabricio Ojeda, dirigente de la Unión Republicana Democrática (URD), asesinado en 1966 en el gobierno de Raúl Leoni; Alberto Lovera, dirigente del PCV, detenido y luego apareció ahogado y encadenado (1965) en una de las playas de Puerto La Cruz por esbirros de Raúl Leoni; Noel Rodríguez, dirigente nacional de la Liga Socialista, asesinado en 1973, en el gobierno de Caldera (Copei); Jorge Rodríguez (Dirigente Nacional de la Liga Socialista), asesinado en 1976 en el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Ante los mencionados desguaces ocasionados por el terrorismo bipartidista de AD y Copei en sus momentos de turno, el autor de este ensayo propone centrar la mirada desde una dimensión de la pedagogía del humor, como acto creativo, de ingenio y resistencia, que busca recrear y reencantar las subjetividades a través del humor reflexivo, crítico, cuestionando los intentos de solemnidad y dogmatismo a través del uso de recursos y géneros del humor, tales como el humor gráfico o caricatura, la sátira, la ironía, entre otros que se constituyen en espacios desafiantes del terrorismo de estado, de la censura, de las desapariciones forzadas, de las dictaduras y de las falsas democracias representativas. Corriendo también el riesgo el humor de ser censurado, porque el poder político represivo teme al humor y a su forma pedagógica y simbólica de cómo es utilizado en su contra. El símbolo da qué pensar, nos dirá Paul Ricoeur.

Y es que la pedagogía del humor aparece sencillamente como una manera de crear espacios de libertad, de esperanza, como la negación del silencio impuesta por la “seriedad represiva” que intenta callar toda expresión de disidencia, y es ahí, donde el humor de manera pedagógica irrumpe y sobresalta como un “certero puñetazo sobre la mesa”. Existen en la actualidad movimientos sociales antisistemas que han venido sobresaltando al poder con esos literales “puñetazos sobre la mesa”, como es el caso de: “Occupy Wall Street” (Nueva York), “Movimiento de los indignados o 15 -M” (España), “Las Abuelas de la Plaza de Mayo” (Argentina), “Los Sin Tierra” (Brasil), el movimiento de padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa (México), entre otros.

Considera el profesor Earle Herrera que “como en las artes, el humorismo es un recurso estético pero también un arma. Al romper la línea recta de la cotidianidad, se convierte en un acto subversivo”.[2] Por lo tanto, el humor como acto subversivo se convierte en un fenómeno peligroso de resistencia porque llega a burlarse del poder, lo desenmascara, erosionando el miedo que transmite. Como diría Freud, “uno puede volver cómica a una persona para hacerla despreciable, para restarle títulos de dignidad y autoridad.[3] Y una de las formas de hacerlo dentro del humor, puede ser con la utilización de la caricatura, una de las formas gráficas utilizadas por los medios periodísticos, revistas y páginas web. Al respecto de la caricatura, Bravo y Zhindón plantean que “cuando la caricatura usa la sátira es tremendamente demoledora, sobre todo en la política partidista”.[4] De ahí, se denota el carácter y la influencia que puede tener la caricatura en la sociedad, como lo podemos observar en la siguiente imagen gráfica.[5]

Humor

Así como la anterior caricatura, la triste frase que se ha venido describiendo líneas arriba en conjunto con su mentor (Rómulo Betancourt), ha sido utilizada por diversos humoristas para ridiculizarla, darle un tono despreciable y restarle autoridad a quien la emite.

Grosso modo, el humor en sus diversas variantes es un discurso que permite llegar a donde los otros discursos no pueden. Se instala, desde la periferia del poder, en una zona estratégicamente política del acontecer social, convirtiéndose en contrapoder.

Y para cerrar, de manera tal de abrir las ideas, quiero compartir una anécdota de un político neoyorquino llamado Davis Tweed quien ante una pregunta realizada en 1870, con respecto a la campaña crítica de caricaturas contra él, respondió de la siguiente forma: “No me importa lo que se escriba de mí. La mayoría de mis electores tampoco saben leer. ¡Pero esos condenados dibujos! No cabe duda de que esos condenados dibujos justamente han causado daño a muchos políticos. Permanecen grabados más tiempo que las palabras.”[6]

Una de las virtudes de la pedagogía del humor es la indignación, por lo tanto, su carga simbólica es insurgente y subversiva. De ahí que el humor da de qué pensar.

[1] Docente de la Universidad Campesina de Venezuela “Argimiro Gabaldón” (UCVAG). Doctorante en Educación (UPEL-IPM).

[2] Earle Herrera, Del humor constituido al humor constituyente, Caracas: Editado por la Oficina Central de Información, 1999, p. 86.

[3] Sigmund Freud, El chiste y su relación con el inconsciente, Buenos Aires: Amorrortu, 1986, p. 180.

[4] Bravo, R. y Zhindón M., Análisis de la caricatura como estrategia de la comunicación política en los diarios El Mercurio y El Tiempo de la ciudad de Cuenca. (Periodo de campaña electoral para Alcalde y Prefecto 2004- Ecuador), Tesis previa a la obtención de Título de Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social, Cuenca, Azuay, Ecuador: Universidad de Cuenca, Facultad de Letras y Ciencias de la Educación, 2006, p. 71.

[5] Autor: El Roto. Consultado en: https://efectos.wordpress.com/2008/10/21/la-vineta-el-roto-y-la-memoria-historica/

[6] Citado en Lujan, El Humorismo, Barcelona: Salvat, 1973, p. 15.