Eleuterio Moya

Perú

He muerto considerablemente…

Mis pasos agigantados por el desborde del río ocular.

Mi rostro funeral jubilar extasiado por los nidos del muladar.

Testimonio de propia nostalgia.

Nariz encorvada de ángulos rectos.

Ángulo de ciento ochenta grados.

Ojos cuadriláteros, manantial impuro de llantos;
labios estirados por el sol, tangente y cotangente.

Ayer anduve ojos de fuego, ahora llora incesantemente la lluvia.

Resucitan los montes, las llanuras…

Vuelve a llorar el cielo.

Vuelve la noche los hombres a caminar sin pies.

Vuelve el sol a postrarse una madre.

Y está lamiendo sus huesos en el hospital de la luna.

Vuelven las noches su nido, hombres la tierra.

Vuelven los ojos su mirada, ríos su cauce.

Las tardes quieren y no quieren llorar el cielo.

Las mañanas quieren y no quieren encender su lecho el sol.

Y los caminos quieren y no quieren sus pies a andar mi ojota.

Vuelve el sol a llorar sus ojos.

Vuelve la lluvia a encender su dolor.

Vuelven las flores a caminar su hambre.

Vuelven a postrarse el sol, la luna, sus llantos…